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Gratitude

Gratitud en el trabajo: qué ayuda y qué suena forzado

Por el equipo de Gratitude · Publicado · 5 min de lectura

Los lugares de trabajo están llenos de esfuerzo que nadie menciona. Alguien arregla el proceso que no funcionaba, cubre el turno de tarde, explica lo mismo por tercera vez. Casi todo se nota y nunca se dice. La gratitud en el trabajo no es un programa ni una pared llena de notas adhesivas. Es el hábito de decir lo que has notado, y de fijarte un poco más en lo que sale bien en tu propio día.

Un pequeño gracias llega lejos

Adam Grant y Francesca Gino (2010) hicieron una serie de experimentos sobre lo que provoca un agradecimiento en quien lo recibe. Las personas que recibían una nota breve de agradecimiento por haber ayudado estaban más dispuestas a volver a ayudar, tanto a quien les había dado las gracias como a otra persona distinta. En un experimento de campo con personas que recaudaban fondos para una universidad, una breve visita de un responsable para darles las gracias aumentó el número de llamadas que hicieron la semana siguiente.

Lo interesante fue el porqué. El agradecimiento no funcionaba sobre todo haciendo que la gente se sintiera más capaz. Funcionaba haciendo que se sintiera valorada socialmente: que su trabajo le importaba a alguien. Es una buena pista sobre cómo decirlo.

Lo bueno se contagia

Joseph Chancellor y sus colegas (2018) estudiaron una empresa española en la que a algunos empleados se les pidió que tuvieran pequeños gestos amables con una lista de compañeros durante cuatro semanas. Tanto quienes daban como quienes recibían ganaron en bienestar, y quienes recibían acabaron teniendo bastantes más gestos amables con otras personas que un grupo control. Era un estudio sobre la amabilidad, no sobre la gratitud, pero muestra cómo el aprecio y la amabilidad en el trabajo tienden a pasarse de unos a otros.

Por qué damos menos las gracias de las que deberíamos

Kumar y Epley (2018) encontraron que las personas que escribían notas de agradecimiento subestimaban una y otra vez lo mucho que las disfrutaría quien las recibiera, y sobreestimaban lo incómodo que resultaría. En el trabajo, súmale el miedo a que suene falso o interesado. El resultado es mucho aprecio que nunca se dice.

La solución no es un plan de reconocimiento para toda la empresa. Es bajar el listón del gracias concreto y en privado.

Cómo dar las gracias en el trabajo

Los agradecimientos que llegan tienen algunas cosas en común:

  • Ve al detalle. «Gracias por reescribir el documento del traspaso; esta mañana me ahorró una hora» es mejor que «buen trabajo».
  • Nombra el efecto. Di qué cambió, para ti, para el equipo o para un cliente. Ese es el valor social al que, según Grant y Gino, responde la gente.
  • Da las gracias a quien casi nunca las recibe: las personas que mantienen los sistemas en marcha, responden siempre a las mismas preguntas o lo recogen todo después de un lanzamiento.
  • Que sea proporcionado. Un mensaje de dos líneas suele ser mejor que un elogio en público, que a algunas personas les resulta incómodo.
  • Da las gracias también hacia arriba y hacia los lados. Quienes dirigen equipos oyen quejas mucho más a menudo que agradecimientos.

Lo que suena forzado

Los rituales de gratitud obligatorios al principio de las reuniones, las cuotas de reconocimiento y los puntos por dar las gracias suelen sonar huecos, porque el agradecimiento ya no se elige. La gente nota la diferencia entre sentirse valorada y sentirse gestionada.

La gratitud tampoco debería usarse para quitar importancia a problemas reales. «Da gracias de que tienes trabajo» no es gratitud; es una manera de cerrar una conversación. Si en un lugar de trabajo hay un problema de carga o de justicia, dar las gracias no es el remedio.

Equipos en remoto e híbridos

Cuando un equipo trabaja a distancia, los pequeños momentos de agradecimiento son lo primero que desaparece. No pasas por la mesa de nadie para decirle «eso te ha salido genial». El aprecio tiene que escribirse, lo que lo hace parecer más formal, y por eso ocurre menos.

Dos costumbres ayudan. Manda el gracias mientras está fresco, en un mensaje directo y no en un canal saturado, y que no pase de una o dos frases. Y cuando un trabajo sale bien, nombra a las personas que hay detrás, incluidas aquellas cuya parte no se vio en la llamada.

Un hábito privado para los días de trabajo

Los días de trabajo tienden a recordarse por su peor hora. Un hábito privado de tres cosas buenas, al final de la jornada, equilibra eso. Puede ser la reunión que terminó antes, el compañero que te apoyó o el fallo que por fin entendiste.

Hacerlo al terminar la jornada también funciona como un pequeño límite: cierras el día nombrando lo que salió bien, y luego paras. Además, hace más fácil dar las gracias a otras personas, porque te has fijado en lo que hicieron.

Guárdalo en un sitio privado. Una lista de gratitud del trabajo es más sincera si nadie del trabajo puede leerla. Gratitude guarda tus palabras en tu teléfono y no necesita cuenta; lee más sobre llevar un diario privado.

Si diriges un equipo

Si diriges un equipo, tu agradecimiento pesa más de lo que crees, y su ausencia también. Convierte el gracias concreto en un hábito semanal: fíjate en la aportación de una persona y dile qué cambió. Empieza haciéndolo en privado. No lo conviertas en una métrica.

Para dar las gracias más cerca de casa, mira nuestra guía para parejas. Si el trabajo es la fuente de casi todas tus preocupaciones, nuestra guía sobre gratitud y ansiedad es honesta sobre lo que la gratitud puede y no puede hacer.

Preguntas

¿Dar las gracias en el trabajo cambia algo?
En los experimentos de Grant y Gino, un gracias breve hizo que la gente estuviera más dispuesta a volver a ayudar, sobre todo porque les hacía sentir que su trabajo se valoraba.
¿Cómo doy las gracias a un compañero sin que resulte incómodo?
Que sea breve, concreto y en privado: qué hizo y qué cambió gracias a ello. La investigación sugiere que quien lo recibe lo disfruta más, y le resulta menos incómodo, de lo que esperas.
¿Debería mi equipo hacer un ejercicio de gratitud en grupo?
Si es voluntario y ligero, puede funcionar. Los rituales de gratitud obligatorios suelen sonar forzados. Animar a dar las gracias de forma concreta y en privado suele hacer más.

Referencias

  1. Grant, A. M., and Gino, F. (2010). A little thanks goes a long way: Explaining why gratitude expressions motivate prosocial behavior. Journal of Personality and Social Psychology, 98(6), 946-955. doi.org/10.1037/a0017935
  2. Chancellor, J., Margolis, S., Jacobs Bao, K., and Lyubomirsky, S. (2018). Everyday prosociality in the workplace: The reinforcing benefits of giving, getting, and glimpsing. Emotion, 18(4), 507-517. doi.org/10.1037/emo0000321
  3. Kumar, A., and Epley, N. (2018). Undervaluing gratitude: Expressers misunderstand the consequences of showing appreciation. Psychological Science, 29(9), 1423-1435. doi.org/10.1177/0956797618772506

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