Gratitud en familia: guía práctica para madres y padres
Por el equipo de Gratitude · Publicado · 5 min de lectura
Casi todas las familias quieren criar a niños agradecidos. Y casi todas conocen los límites del «dale las gracias a la señora». Los modales importan, pero no son lo mismo que la gratitud. Esta guía trata del hábito de fondo: ayudar a los niños a fijarse en las cosas buenas de su día y en las personas que hay detrás, de forma que se sienta como un buen momento de la noche y no como una lección.
Lo que encontró la investigación con jóvenes
Froh, Sefick y Emmons (2008) trabajaron con 221 preadolescentes de once clases. Las clases se asignaron al azar a contar sus bendiciones, a anotar sus contrariedades o a no hacer nada especial, cada día durante dos semanas. El grupo de gratitud mostró más gratitud, más optimismo y más satisfacción con la vida, y menos ánimo negativo. El resultado más sólido tuvo que ver con el colegio: quienes contaban bendiciones estaban más satisfechos con su experiencia escolar, tanto justo después como tres semanas más tarde.
Es un solo estudio, con adolescentes jóvenes y efectos modestos, y la investigación con niños más pequeños es más escasa. Pero encaja con lo que muchas familias notan: la gratitud es un hábito que los niños pueden aprender, y cambia cómo hablan de su día.
La gratitud es más que modales
Dar las gracias cuando toca es una habilidad social. La gratitud es una forma de mirar: darte cuenta de que pasó algo bueno, de que alguien eligió hacerlo y de que te importó. Los niños la desarrollan poco a poco. Los más pequeños pueden nombrar cosas que les gustan mucho antes de entender que otra persona se esforzó por ellos.
Y no pasa nada. No intentas producir un niño perfectamente agradecido. Estás construyendo un pequeño hábito diario de fijarse en las cosas, y el resto lo enseñas con el ejemplo.
Por edades
Ajusta la práctica a lo que puede hacer cada edad.
- De 3 a 5 años: pregunta «¿qué fue lo mejor de hoy?» en el baño o al acostarse. Acepta cualquier respuesta, incluida «la galleta». Lo que enseñas es la pregunta.
- De 6 a 9 años: tres cosas buenas en la cena, una de ellas sobre una persona. Haz una pregunta suave después: «¿por qué estuvo bien?» o «¿quién hizo que pasara?».
- De 10 a 13 años: deja que elijan el formato, en voz alta en la cena, en un cuaderno o en una nota de voz. Añade de vez en cuando un mensaje de agradecimiento a alguien de fuera de la familia.
- Adolescentes: que sea ligero y opcional. Comparte tus tres sin pedir las suyas. Muchos adolescentes se apuntan cuando está claro que no es un examen.
Rituales que funcionan
Únelo a algo que ya ocurre: la cena, el camino al colegio, los últimos cinco minutos antes de apagar la luz. Las familias que lo mantienen rara vez tienen un momento especial para la gratitud; tienen una pregunta que pertenece a un momento corriente.
Empieza tú. Los niños copian lo que haces mucho más que lo que pides. Si dices «lo mejor de mi día fue el señor de la tienda que encontró mi guante», les estás enseñando cómo suena una buena respuesta: pequeña, concreta y sobre alguien.
Deja sitio para un mal día. Si un niño dice que no hubo nada bueno, créele. Puedes preguntar «¿hubo alguna cosa pequeña que estuviera bien?», pero sin insistir. Se trata de fijarse, no de fingir.
Lo que conviene evitar
Usar la gratitud como reproche. «Deberías dar las gracias, hay niños que no tienen nada» enseña culpa, no gratitud, y hace que el tema resulte antipático.
Premios y tablas de recompensas. Una pegatina por cada gracias enseña que la gratitud es una actuación para los adultos. Que nazca de dentro.
Culpa por los días perdidos. Si el hábito se interrumpe una semana, simplemente vuelve a hacer la pregunta esta noche. Nuestra guía sobre mantener la constancia sin culpa está escrita para adultos, pero también vale para las familias.
Cartas de agradecimiento
Con niños mayores, una carta de agradecimiento de vez en cuando a una maestra, a un entrenador o a una abuela puede tener mucha fuerza. Kumar y Epley encontraron que los adultos que escribían cartas de gratitud subestimaban lo bien que se sentiría quien las recibía, y no hay razón para pensar que con los niños sea distinto. Ver la respuesta enseña más que cualquier sermón.
Más allá de la familia
Cuando el hábito esté asentado, amplía el círculo. Pregunta quién más hizo que el día funcionara: el conductor del autobús, la persona del comedor, el amigo que le prestó un lápiz, la vecina que saludó. Los niños suelen empezar agradeciendo cosas y solo más tarde se fijan en las personas que hay detrás, y una pregunta bien puesta acelera ese paso.
También puedes convertir el agradecimiento en algo que se hace, no solo que se dice. Hacer un dibujo para un abuelo, ayudar a preparar una tarjeta para la maestra a final de curso o dar las gracias juntos a la persona de la caja son formas pequeñas y concretas de mostrar que la gratitud viaja hacia fuera.
Para ti, que crías
Los días de crianza son largos y pueden confundirse unos con otros. Un hábito de gratitud propio no solo es un buen ejemplo; es un registro de pequeños momentos que, si no, perderías: la primera vez que se ataron los cordones, la ocurrencia que soltaron en el coche. Si guardas los tuyos hablando a un diario por voz, te lleva unos segundos, y puedes hacerlo mientras se lavan los dientes. Para preguntas que funcionan en la mesa, mira nuestras preguntas para un diario de gratitud.
Preguntas
- ¿A qué edad pueden los niños practicar la gratitud?
- Incluso con tres años pueden responder a «¿qué fue lo mejor de hoy?». Entender que otra persona se esforzó por ellos llega más tarde, así que mantenlo sencillo y enseña el resto con el ejemplo.
- ¿Cómo enseño gratitud sin sermonear?
- Empieza tú, comparte tus propias cosas buenas y pequeñas, une la pregunta a una rutina diaria y no uses nunca la gratitud como reproche.
- ¿La gratitud ayuda a los niños en el colegio?
- En un estudio con 221 preadolescentes, contar bendiciones cada día durante dos semanas se asoció a una mayor satisfacción con el colegio, todavía visible tres semanas después.
Referencias
- Froh, J. J., Sefick, W. J., and Emmons, R. A. (2008). Counting blessings in early adolescents: An experimental study of gratitude and subjective well-being. Journal of School Psychology, 46(2), 213-233. doi.org/10.1016/j.jsp.2007.03.005
- Kumar, A., and Epley, N. (2018). Undervaluing gratitude: Expressers misunderstand the consequences of showing appreciation. Psychological Science, 29(9), 1423-1435. doi.org/10.1177/0956797618772506
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